Por Diego Gustavo Otero

Últimamente, los cortes de energía eléctrica son y han sido habituales, y siempre recae la culpa en la lluvia. Pero esta condición climática o cualquier otra nada tienen que ver con años de desinterés —hasta haraganería— y falta de mantenimiento de un servicio a cargo de una administración incompetente y frustrante.

Desde la una de la madrugada en punto, del día miércoles 23, la noche se volvió más oscura e invadió las calles, la plaza y nuestras casas. La primera expresión fue “¡No puede ser!!!” Sin embargo, no fue una sorpresa, ya que dos días antes habíamos pasado 16 calurosas horas sin luz. Quince largos minutos pasaron hasta que atendieron mi reclamo. Después de varios llamados frustrados, el clásico “Ya vamos” sonó en mi oído como lo ha hecho en los últimos años.

Amanecimos sin luz, comimos sin luz, intentamos dormir la siesta sin luz y ya sabíamos lo que nos esperaba. Varios reclamos más pasaron, incluso al Ente Regulador de la Energía, pero nada de solución.

Llegó la noche y empezamos a deshacernos de aquellas cosas que necesitan frío y nosotros no teníamos. En mi humilde bar, intentaban darle vida al escaso hielo y alargar el leve fresco de la cerveza; pero, con el correr de la noche, todo fue imposible.
No quiero acostumbrarme a perder la mercadería, a ver mis helados derretirse y con ellos mi ganancia, necesito hacer algo y creo que es el momento.

Treinta y nueve horas pasaron y se dignaron a llegar por acá. Menos de 15 minutos les llevó arreglar el problema —siempre es así— y volvió la luz. Luego, vi a mi amigo, el panadero, comenzar nuevamente su jornada laboral después de días sin trabajo, y a mis vecinos, deshacerse de su mercadería en mal estado. Vi cómo las pocas y necesarias vacunas eran arrojadas del Centro de Salud, por la falta de frío. Así, empezaban a funcionar los teléfonos, resurgía nuestra alegría y se aplacaba nuestra rabia. Pero, eso es lo que no quiero: es necesario que nuestra apacible furia se mantenga y luchemos para que esto termine.

Como integrante de la Junta de Gobierno, he pasado varias veces por el despacho del señor ingeniero a cargo de la Cooperativa Eléctrica para buscar una solución. Y, por arte de magia, con su sonrisa y simpatía, hacía que el más grande de los problemas fuera insignificante y decía que tendría una solución pronta y duradera… Le creí una vez, pero la experiencia me dijo que son sólo palabras.

Palabras de una persona que no entiende lo que sucede por su responsabilidad, que cree que General Almada no merece un buen servicio, que piensa que somos insignificantes e ignorantes y que callamos y tememos ante su supuesto —y sólo por él creíble— poder.

Acá estamos de pie, pidiendo una pronta solución a los cortes de luz: el arreglo del tendido eléctrico y la reposición y cambio de postes, lo cual haría que todo fuera más fácil. Nosotros seríamos usuarios satisfechos y la Cooperativa, la entidad que cumple con su deber.

Treinta y nueve horas pasaron y nada positivo se pudo rescatar. Ojalá, este año nuevo pase algo. Hablan del corazón de algún profesional de sonrisa y palabra fácil que cumpla con su verdadera función. De no ser así, que dé un paso al costado y permita que un verdadero entendido se ocupe de llevar adelante esta añeja institución.

Tal vez, parece exagerado lo que digo. Muchos dirán que hay cosas peores; sólo pido a esas personas que se desconecten de la corriente eléctrica 39 horas y después hablamos. Además, éste es un problema que tiene solución; sólo falta la buena disposición y las ganas de trabajar de unos pocos.

                                                              DIEGO GUSTAVO OTERO - DNI 22013146