Por Diego Gustavo Otero

Últimamente, los cortes de energía eléctrica son y han sido habituales, y siempre recae la culpa en la lluvia. Pero esta condición climática o cualquier otra nada tienen que ver con años de desinterés —hasta haraganería— y falta de mantenimiento de un servicio a cargo de una administración incompetente y frustrante.

Desde la una de la madrugada en punto, del día miércoles 23, la noche se volvió más oscura e invadió las calles, la plaza y nuestras casas. La primera expresión fue “¡No puede ser!!!” Sin embargo, no fue una sorpresa, ya que dos días antes habíamos pasado 16 calurosas horas sin luz. Quince largos minutos pasaron hasta que atendieron mi reclamo. Después de varios llamados frustrados, el clásico “Ya vamos” sonó en mi oído como lo ha hecho en los últimos años.

Amanecimos sin luz, comimos sin luz, intentamos dormir la siesta sin luz y ya sabíamos lo que nos esperaba. Varios reclamos más pasaron, incluso al Ente Regulador de la Energía, pero nada de solución.

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