La dignidad médica

Progresivamente se han ido deteriorando, en las últimas décadas, las condiciones laborales y remunerativas del profesional médico de nuestro país.

Debemos aceptar bajas remuneraciones, estancamiento técnico, organizaciones asistenciales obsoletas y piloteadas por funcionarios incompetentes, lugares de trabajo e instrumental inadecuados y todo ello en complicidad culposa de directivos que, por ineficiencia, ambición o lucro, incurren y hacen incurrir en indignidad profesional. Se privilegia en diversos puestos sanitarios, a quienes militan en las filas del político de turno, a amigos y parientes en desmedro, cada vez más evidente, de la calidad y seriedad profesional y asistencial.

Se nos obliga a firmar, consintiendo obedientemente, toda exigencia impuesta por las obras sociales e instituciones intermedias, comprometiéndonos a aceptar la fijación caprichosa de nuestros honorarios con expresa prohibición de percibir algún arancel diferencial (“plus”) so pena de perder el “derecho” de asistir a sus afiliados y ser querellados ante la justicia. Soportamos cobro de honorarios fraccionados en cuotas, con varios meses de atraso, ajustados a cápitas establecidas arbitrariamente, con reducciones y descuentos.

Debemos aceptar resignados, completar formularios, planillas, recibos, recetas, certificados y otros con “los datos completos del afiliado”, “por duplicado”, “manuscritos”, con “el mismo bolígrafo”, en “números y letras”, con “sello aclaratorio”, etc. Se nos exige violar nuestro secreto profesional, ventilando a los cuatro vientos, y a no-médicos, las dolencias de nuestros pacientes al consignar en estos mismos papeles, el “diagnóstico”, o nos vemos obligados a mentir en resguardo del pudor de los enfermos. Se nos imponen limitaciones inmorales en la cantidad y calidad de consultas, prácticas, días de internación y medicamentos a prescribir. Somos obligados a suscribir jubilaciones privadas y seguros en instituciones predeterminadas. En resumen: respondemos a organizaciones gremiales y estatales con más poder para reglamentar nuestra libertad laboral, que a la universidad o las autoridades sanitarias nacionales y mundiales, de lo que se desprende además, que en nuestro país, es el médico el único profesional que trabaja sometido a un régimen socializado.

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Se viene… se viene

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